Mi tinta es el alma.

Aún recuerdo el primer libro formal que me regaló mi mamá, el diario de Ana Frank y mi abuelito el último día de Hitler, antes de esos había leído sin permiso once minutos de Paulo Coelho, los leí con mucha emoción, estaba muy pequeña pero disfrutaba esos ratos, creo que tiene que ver el hecho que desde que tengo cinco años sé leer y escribir, mi familia se dedicó mucho a enseñarme y a formar esa costumbre de lectura y escritura, pero con los años se alejó de ser una cuestión que me habían inculcado y se volvió una verdadera pasión, me encantaba leer pero aún más escribir, cuando escribía entraba en un mundo que era muy mío, era mi intimidad y el espacio donde podía ser yo misma sin recibir adjetivos de que estaba loca, podía expresar todo eso que muchas veces la sociedad quiere mandar a callar, podía encontrarme a mi misma y me encantaba. Para no hacer tan larga la introducción, dejé de escribir hace varios años ya y me he dedicado únicamente a hacer ensayos y trabajos académicos, pero no he logrado volver a encontrarme conmigo mismo mediante la escritura, tengo cierto temor a lo que puedan esas páginas hablarme, me llene de miedos, de angustias, de preguntas absurdas, me detuve y di vueltas sobre mi propio eje, perdí ilusiones en este tiempo y caí en realidades que me han hecho perder sentido a las emociones y me he arriesgado a vivir en el lado seguro. Dejé de escribir, dejé de conectarme conmigo misma, la imaginación y las ilusiones eran solo recuerdos pero no lograba innovar, me había estancado en una etapa emocional similar al estar perdido en el océano pero sin tener la gracia y misericordia de morir; dejé de escribir por estas y muchas otras razones que más adelante comentaré, pero sobre todo porque no le encontraba el sentido de perfección a la vida, no encontraba la satisfacción en nada, si no era una cosa era otra pero todo me alejaba de esa anhelada perfección que quería alcanzar, una exigencia irracional conmigo misma que con tan solo 21 años me ha desgastado en muchos sentidos, una perfección irreal, unas exigencias que les faltaron esfuerzo y dedicación mía porque no era lo que realmente yo quería, no encontraba la perfección y pensé que esa era mi crisis de inspiración fuera del ámbito académico hasta que un día caí en mi propia realidad, me lleve un golpe que aún con anestesia me habría dejado muy lastimada, esa parte de mi vida me hizo analizar que la inspiración, el arte, el poder escribir y volver a encontrarme conmigo misma no estaba en la perfección, estaba en la complejidad que envuelve a todo ser humano y el medio que le rodea, entendí que la serie de eventos desafortunados por los que la vida me ha puesto a vivir y otras veces mis decisiones, me podían llenar de mas inspiración que vivir en un lugar lleno de comodidad y de rutina, de esa perfección, que la inspiración esta en el acto de vivir, ya sea lo bueno o ya sea lo malo, la inspiración me ha vuelto y he escrito mucho, cosas menos subjetivas y otras cargadas de experiencias pero lo que mas me importa es que volví a encontrarme conmigo misma mediante la escritura.

Sagal Davison García.

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